Semana 1

Tal como estaba previsto, los acontecimientos superaron mi Trabajo Fin de Carrera a las pocas horas de ser este publicado. Esta semana ha sido rica en acontecimientos que pueden alterar el curso de la Primavera Árabe. En Siria, las deserciones del ejército cada vez están más organizadas y ya son grupos grandes de soldados los que deciden pasarse a los rebeldes. Además, Rami Makhlouf el poderoso empresario y primo de Bachar el-Asad, ha anunciado que abandona su actividad privada. Su intención sería vender sus negocios petrolíferos, inmobiliarios y de comunicaciones -entre otros- y donar su dinero a la caridad en lo que parece una -no muy sutil- estrategia para aplacar los ánimos populares. Como ya adelantó Lluís Bassets, los días del régimen instalado en Damasco parecen estar contados.

En Libia, sigue reinando el caos. El conflicto es mantenido por los mercenarios -occidentales o africanos- que cada una de las partes contrata. No obstante la permanencia de Muamar el-Gadafi, incluso ante la hipótesis de que no saliese derrotado de las hostilidades, es cada vez más inviable. Trípoli está siendo aislada por la comunidad internacional de manera implacable en favor de Bengasi. Esta semana, el Ministerio de Asuntos Exteriores español -a pesar de que, debido a la crisis, está llevando a cabo una política exterior de lo más conservador y renuente al enfrentamiento- ha expulsado al embajador pro-Gadafi por la represión contra civiles. Su contraparte del Consejo Nacional de Transición también ha sido señalada por Amnistía Internacional por abusar de la población civil.

En Yemen, la posibilidad de que Hamid al-Ahmar, hombre fuerte del clan que atentó contra Saleh provocando su salida del país, sea el próximo presidente del país cobra fuerza. Su ambición, riqueza y poder tribal convierten este en un escenario probable.

Túnez y Egipto por su parte siguen su lento proceso de transición democrática. En el primero se ha sabido que serán 93 los cargos que Ben Alí y familia daban afrontar; y en el segundo se ha levantado el toque de queda.

Finalmente, un asunto capital para el futuro del extremismo islámico, Ayman al-Zawahiri ha sido confirmado como nuevo jefe de Al Qaeda tras la muerte de Bin Laden. El larguísimo perfil firmado por Lawrence Wirght (The New Yorker) hace ya unos años, permite hacerse una imagen fiable de la persona y el personaje

Anuncios